viernes, 21 de julio de 2017

estrecheces...

Son eso, zonas en las que no cabe un alfiler, ni el bigote de una gamba, por las que no entra ni el aire,...y todas las demás comparaciones que se nos vengan a la cabeza para definir aquellas zonas de nuestras hermosas ciudades en las que hay poco espacio para casi todo. 

Estrecheces hay en todos los sentidos de la vida, si no que se lo pregunten a aquél que tiene que sacar a cinco hijos adelante con el sueldo de un albañil, o ése que tiene que operar a corazón abierto y contrarreloj, con las manos enguantadas, mascarilla y rodeado de auxiliares, por no hablar del que tiene que conducir un camión de no sé cuántos ejes por las calles del centro de cualquiera de nuestras urbes.

A mí, las estrecheces que más me gustan suelen ser las más sufridas, esto es, aquéllas que se producen debajo de un paso en esos días en los que dejo de ser yo para ser ciudad, y me desvivo paseándola para encontrar los huecos justos por los que entra un misterio o un paso de palio. Yo tengo las mías propias, la "revirá" de Frailes de Jesús Despojado a los sones de las cornetas de Fígares, o la salida, al milímetro, del Santísimo Cristo de san Agustín, o la Esperanza en la penumbra de Baratillos. Pero hay más, que la Aurora ya sabéis por dónde baja, la Estrella ya sabéis por donde sale, la Concha ya sabéis lo que tiene que salvar al llegar a Zafra, y la cuadrilla de la Alhambra ya sabéis que se acuerda del Vino y de la Puerta, pero no quiero hablar de lo mío, que os lo sabéis de memoria. 

Hoy me quiero ir al Guadalquivir, que es un río muy cofrade, señores/as míos/as, pero no cuando deja su lento caudal discurrir por la bella Híspalis, sino, también, cuando lo hace bañando las lindes de la "romana y mora, Córdoba callada" parafraseando a Machado, que las estrecheces no son propias de una ciudad en Semana Santa, sino de todas, como bien muestra este vídeo que os muestro a continuación y que, encontré, gracias a Dios, una tarde de desidia laboral (vulgo aburrimiento), para enriquecer el patrimonio de imágenes cofrades que luego pongo en Agosto, o en Julio, qué más da.

Por suerte para nosotros, los andaluces ("que nos queremos como hermanos", como decía el gran yu-yu), en toda nuestra geografía podemos encontrar un sinfín de estrecheces para paladear con gusto el mejor sabor cofrade, como esta de la Calle san Zoilo en la ciudad de Córdoba, con el misterio de la hermandad de la Paz...disfruten...


miércoles, 19 de julio de 2017

El portón de los sustos...


Cada Martes Santo, te haces más chica...parece que no quieres dejar salir de tu interior a La Niña a la que custodias y salvaguardas, pétrea protección para la mirada más personal de esta Granada. Cada Martes Santo, a la hora exacta que marca el sol en la fachada, treinta hombres se arrodillan, desafiándote, como reza la sevillana cofrade, a fin de llevar a buen puerto la tarea, pesada por lo trascendental, de sacar a la calle a la Esperanza. Los muros se cierran, el capataz saca la mano izquierda para torear al natural, sin ayudas (que dirían los antiguos), a este "miura" de doce varales y terciopelo verde, al que Granada espera por cobijar a la Madre de Dios en esa advocación singular que es de todos, porque todos estamos necesitados de Ella. 

Cada Martes Santo, rodilla en tierra, compás acelarado, "llamás" justas, esfuerzo medido, voz certera, mandos prestos, los treinta corazones de faja verde y costal blanco, cumplen con la obligación de salvar la puerta, y que la de Risueño llene la ciudad de su aroma y de esa maravillosa calma que profesan los ojos de Nuestra Madre ante los cuales es imposible no rendirse, al menos una vez al año, cuando asoma la Reina de la Plaza Nueva por la puerta de santa Ana...



lunes, 17 de julio de 2017

Granada en cien fotos...


Granada es agua, lo avisa la Sierra Nevada con su blanca capa que, en el deshielo, nutre del líquido elemento a las lagunas adyacentes, y a los ríos que nacen cerca de ella. A la estación del Maitena llega su frescor para olvidar los rigores del caluroso verano granadino, y la Laguna de las moscas, Siete Lagunas, etc...sirven de espejo de los grandes picos que se asoman a sus aguas, limpias, frías y espectacularmente bellas.

Que Granada es agua también lo saben los pueblos famosos por sus fuentes, con aguas minerales de efectos curativos que, además, embotellan para mandar a media España siendo su logotipo el pico que se ve desde todas las partes de la ciudad que, si en Sevilla la Giralda se asoma desde cada una de sus calles al visitante, en Granada, la mole de la Sierra saca de su sopor al turista abstraído. Lanjarón y Pórtugos, entre otros, nutren sus fuentes con el agua de la blanca dama que representa a una Granada orgullosa de ella, que duerme bajo su ancestral amparo todos los días del año. 

El visitante debe saber, también, que el agua baja por la Alhambra en pequeños canales que llegan hasta la Plaza Nueva, por los que los niños granadinos echan las hojas secas del viejo castaño, jugando a que son barcos. El Generalife, cuenta por cientos las fuentes que lo personalizan, siendo éstas inmortalizadas en un sinfín de fotografías que nos dicen, desde su papel impreso, que Granada es agua, que baja "de la nieve al trigo", parafraseando al poeta que también representa a esta ciudad en la que los Reyes árabes dejaron un dechado de virtudes.  

Y así, desde el Darro al Genil, afluente principal del río más importante de Andalucía, el agua pasa por Granada hasta llegar a la costa, en la que siempre apetece echar el ancla, ya sea para disfrutar de la temperatura de su mar en verano, o para aliviarse del frío invernal de una ciudad que no tiene Otoño ni primavera, y que pasa del frío de Sierra Nevada al calor de Almuñécar, en apenas unos meses...ay, Granada, quién sabe si tanta agua, no son lágrimas de todo el que, como Boabdil, llora por dejarte en su partida...

viernes, 14 de julio de 2017

En el futuro...


Me he parado tantas veces a mirarte
y siempre lo he hecho con los ojos
de mis debilidades, mis antojos,
mis olvidos, mis ausencias, mis descartes.

Nunca pensé mirarte con los de ella,
los de éstos, los de aquéllos, los de antes,
con los ojos marchitos, vacilantes,
de los viejos que recuerdan una estrella.

Hoy cierro mis párpados, que pesan,
y te miro con los ojos, ya maduros,
de los padres que, llorándote, confiesan.

Hoy te miro con los suyos, y aseguro,
que al llevarte, de sus ojos, las promesas,
te sabré mirar mejor, en el futuro…

Fuente fotografía: archivo personal Miguel Gónzalez Murillo.





miércoles, 12 de julio de 2017

Me querrá, no me querrá...


Van cayendo las hojas de la margarita y, mientras caen, a esa velocidad que no podemos controlar, con ellas se van las esperanzas que pusimos en ese amor que no era, pero queríamos que fuese. Con ellas van pasando, también, aunque nosotros no lo veamos o no queramos verlo, los pocos "clavos ardiendo" que van quedando en las relaciones vacías, y que sus protagonistas, instalados en vete tú a saber qué algoritmo, mantienen así, sin plantearse que la vida es más que las cuatro paredes del trabajo y de la casa que se cae encima. 

Vamos pasando, pétalo a pétalo, los momentos vividos al lado de quiénes algún día nos quisieron, al lado de los que algún día quisimos, y con ellos se van las imágenes felices que hicieron navegar la nave con viento de popa, y esas otras que frenaron en seco nuestras ansias..."me querrá, no me querrá"...matrimonio, "me querrá, no me querrá"...hijos, "me querrá, no me querrá"...felicidad. La margarita no es más que una flor, pero nosotros siempre le hemos dado alas de pitonisa y demasiadas responsabilidades, dejando que sus blancos pétalos decidieran sobre si tal o cual nos iba a querer de por vida, o nos la iba a destrozar y, claro, luego viene el llanto y el crujir de dientes, cuando la vida pasa y la margarita no tiene la culpa de que un mal nacido no te valore, te maltrate (no físicamente, hay muchas maneras de hacerlo sin poner una mano encima) o que la mujer de tus sueños sea ahora la de tus pesadillas.

La vida la construimos nosotros, no deshaciendo margaritas, sino peldaño a peldaño, ladrillo a ladrillo, y deberíamos tener algo que nos avise de que el edificio se va a desmoronar a medio hacer, o que es mejor no empezar ni a construirlo. Quizá sí tenemos ese algo que nos avisa, pero lo vemos muy tarde, y de tan tarde no tiene remedio. Quizá los que tenemos la felicidad instalada en nuestras vidas no vemos que la margarita se ha deshojado ya para muchas personas de nuestro alrededor, y quizá esas personas necesitan que alguien le abra los ojos antes de tiempo...quizá la culpa la tienen los pétalos..."me querrá, no me querrá"...  

sábado, 8 de julio de 2017

esta "levantá" va...


Siempre que un paso sale a la calle, junto a él van muchísimas historias. Cada cual de los que lleva alrededor, debajo, o de los que están mirándolo desde fuera, depositan en la imagen que lo preside mucha esperanza, y eso lo reflejan los ojos de todos ellos, humedecidos mientras miran a la imagen, y con cada lágrima se va un recuerdo, que es un pregón húmedo para el que necesita de su favor. 

Da igual la fe diaria, las misas de domingo o los golpes de pecho, en esos besos volátiles que son las lágrimas de cada uno el Señor, o la Virgen, reciben la necesidad, el clavo ardiendo, la última bala cuando ya nada se puede hacer, salvo ponerse en manos de Ellos, aunque los enemigos de la religión digan que sólo son falacias, no pueden estar equivocados los que esperan en las calles que el paso avance para hablar con Ellos. 

Cuando un paso sale a la calle, el capataz empuña el martillo muchas veces, tantas cómo levantan los costaleros, y en ese momento de rabia contenida, de emoción a flor de piel, se pone al servicio de los que lo necesitan todo lo que llevan debajo los hombres que portan las imágenes, para que su esfuerzo acerque, más si cabe, cada una de esas necesidades que los humanos tenemos. Éstas, variopintas y dispares, como lo somos los que las tenemos, van puestas en cada palabra del capataz, en cada respuesta del patero, en cada envite de la cuadrilla y en las manos del Señor. Esos momentos son de una fe tal, de una entrega tal, que las piernas de los costaleros tiemblan, sus músculos se tensan, y su corazón se acelera, porque suelen ser momentos con los que ellos conectan, conectamos, ya que a todos, en mayor o menor medida, nos ha tocado alguna vez pasar por alguno de esos trances. Por eso, cada vez que el capataz toque un martillo, y le pida a "fulano" un poco de atención, o no irse al palo, esa "levantá" será especial, pondrá sobre la mesa sentimientos muy importantes, y exigirá la mayor concentración de los que están abajo, para que la oración, la petición, el favor, casi siempre en forma de salud, de bienvenida a un nuevo niño, o de despedida de un ser querido, llegue arriba de forma directa.  

Hoy es sábado, pero me ha amanecido Viernes, ¡al Cielo lo que es del Cielo!...esta "levantá" va...

miércoles, 5 de julio de 2017

El Hijo de la Esperanza...

Cuando se asoma a las calles
no necesita proclamas
que a nuestro Mejor Vecino
piropos no le hacen falta.

Él se aleja de los ruidos,
pues el silencio le basta,
mas, por injusta Sentencia,
lloran cornetas "romanas".

Él no tiene nuca prisa
por las calles sevillanas,
su cuadrilla, que lo sabe,
lo mece con elegancia

y así se adentra en las calles,
mecido por la constancia
de una cuadrilla de hombres
ora alta, ora baja,

que el nombre de su Señor
llevan, flotando, en sus andas,
en la mente todo un año
y, arriba, en su Madrugada.

Abran las puertas del Cielo,
vista Sevilla sus galas,
que están dictando Sentencia
al Hijo de la Esperanza...






lunes, 3 de julio de 2017

París...

                
                Anochece…las calles se van intuyendo como serpientes iluminadas por la luz de la luna, sigilosas y expectantes, antojándose cada punto de luz sobre su piel una bombilla de tungsteno en cualquier acera del boulevard. El sinfín de personajes que lleva consigo la noche salen de sus madrigueras como escondiéndose, temerosos del público vespertino, tan ligero de lengua como de libertinaje, mientras se dirigen a sus puntos de reunión, o de trabajo.

                París, de noche, es terreno de poetas sin musa que lloran lágrimas de tinta al amor que perdieron o que nunca encontraron. De pintores que sólo piensan en el amor, aunque éste sea propiedad de otro y ellos lo tengan alquilado por el irrisorio precio de una copa de vino al calor de una lámpara de gas. Terreno de cantantes de piano de bar, que es el único lugar en el que no se sienten solos. Terreno, en fin, de artistas que han hecho de los cafés de Montparnasse auténticos cuarteles generales en donde se libra la batalla del amor de pago y el champagne con sabor a derrota, batallas que nunca se ganan y que el amanecer sorprende…

                París es la ciudad de la luz, pero de una luz que se transforma en sus noches, reluciendo en las esquinas de Pigal, haciéndose lúgubre en la Isla de san Luis y casi mortecina en Mont Matre. La luz que ilumina París de noche es el auténtico motor de la ciudad, con sus noctámbulos de acera, sus borrachos cantando tristes melodías de Piaff, y mujeres de mala fama acusadas y traicionadas por los mismos que las solicitan, mientras su reputación se desvanece con el humo del cigarrillo que fuman.


                París,…romántica, culta, poética, mil veces dibujada y fotografiada, es imán para todo aquel con alma de bohemio, todo aquel que quiera hacer hablar a una vieja rolleiflex, revelando en cada carrete su vida misma, gota a gota, o componiendo música desde cualquier buhardilla de la señorial urbe, siendo cada nota del pentagrama un lamento desgarrado a su propia existencia…¡oh lá,lá París!, tu noche es triste y será triste, por mucho que tus artistas cuenten tu belleza, por mucho que nos digan lo que escondes bajo la tímida luz de farolas esquineras, por mucho que el lastimero discurrir del Sena nos hable de momentos que se fueron, siempre te faltará algo para ser completamente bella, porque sólo lo eres realmente en esos momentos en que dos enamorados se besan en tus parques, se cogen de la mano por tus calles o se fotografían en tus puentes y eso, París, es tan efímero, como el vaho que sale de sus respiraciones entrecortadas una mañana fría de tu cruel invierno…

viernes, 30 de junio de 2017

de esa Granada perdida...


No era grande, aunque tampoco puedo decir que fuese pequeño, sobre todo si lo medimos con el metro de una mirada infantil, pero sí puedo asegurar que lo que estaba medido, y con precisión de relojero, era cada uno de los actos con los que se desenvolvía en esa pequeña porción de espacio libre que era el mostrador de su establecimiento. Era éste uno de esos de Domingo después de misa, con los zapatos limpios y el traje de chaqueta impoluto, como impolutas eran las maneras de este hombre, parco en el hablar y de ademanes extremadamente educados, con forma de rectángulo estrecho, barra a al izquierda y espejos por las paredes a fin de dar sensación de amplitud, así como aumentar la exigua iluminación. 

Todo relucía, no obstante, iluminado por el sol de mediodía que se colaba por la única puerta que se abría a la calle y que hacía las veces de escaparate, desde la que siempre se le podía ver afanado en sus mil tareas. Todo estaba como en una exposición, o por lo menos así lo recuerdo yo, ordenado todo en los limpios estantes, colocadas las cosas siempre en el mismo sitio, siempre de la misma forma, y casi me atrevería a decir que los parroquianos pedían siempre lo mismo sólo por ver la forma, repetida y constante, en la que el barman despachaba las comandas. Antes de servir, y de preguntarnos con extrema delicadeza qué íbamos a tomar, ya había sacado brillo a la porción de barra que nos tocaba por enésima vez en la mañana, la había secado con la balleta casi transparente de lo cuidada, y esperaba con paciencia a que acabáramos de cantar las consumiciones para ponerse manos a la obra, lenta, pausada y eficazmente, cosa que agradecíamos y que nos llevaba a ser de los fijos, al menos una vez a la semana, del establecimiento con brillo de cafetería de postín y sabor a bar de barrio.

Entre sus muchas especialidades, yo destaco la ensaladilla rusa con gambas, preparada al detalle, y con un sabor que, todavía hoy, guardo en el selecto paladar curtido a base de bares extintos, alejados del ruido del "lomo-alioli" y las tapas de pan y lechuga, tan frecuentes, por desgracia, en la actualidad granadina, donde la tapa no es gratis, por mucho que se empeñen algunos hosteleros. Allí se hacía todo con clase, a la antigua usanza, y clase tenía la barra, clase tenía el "atrezzo" de la obra, y clase tenía el protagonista, solista y estelar, un camarero ni grande ni pequeño, con el pelo igual de blanco que la camisa y la balleta, y que tenía el sobrenombre, no podía ser de otra manera, de "manoslimpias".

Efectivamente, estoy hablando del bar del hombre de las manos limpias, el desaparecido rincón de la calle Recogidas que, sin tanto coche por la calzada, y con bastante más sabor, respondía al nombre de "Capitol"...

"Cerveza para nosotros, coca-cola para el niño, y tres tapas de ensaladilla rusa, por favor..."  

miércoles, 28 de junio de 2017

No dejes de soñar...

Porque siempre hay un motivo, no dejes de soñar.
Porque el sueño de esas cosas que están por venir te llena de Esperanza, y no hay nada más bonito que la Esperanza para surcar las aguas de la vida. 
Porque si es bonito soñar con algo, más bonito es luchar por ello y el soñar te fortalece para que aguantes el envite y encajes los golpes, no dejes de soñar. 
No, porque necesitamos el sueño para hacer más felices a los que nos rodean, siendo partícipes de nuestras ilusiones y viviéndolas junto a nosotros. Compartir con los tuyos las cosas que te dan ánimo y te alegran es una buena manera de crecer juntos y resistir las marejadas que se nos presentan a diario.

Porque siempre hay una sonrisa a nuestro lado, un beso, una certeza de que están ahí, para ti, de que te ayudan y te entienden, porque hay que soñar para pagar el precio que nos piden por vivir, y necesitamos vivir para seguir soñando. ¿Qué sería de nosotros si no soñáramos?...
ç
Ya lo dice Manuel Carrasco, "amigo, no dejes de soñar"...

lunes, 26 de junio de 2017

LIII...(escolapia)


A todo el que le guste la poesía, le gusta Bécquer. Porque Bécquer fue el eterno enamorado que alumbró esto que llamamos romanticismo, y al que se acogen todos los aprendices de poetas, y los poetas consagrados, cuando quieren hablar de amor. Yo me incluyo entre los primeros, que no soy de ésos que conmueven con el verso pero, como los poetas de verdad, yo bebí en las fuentes de Bécquer casi desde el primer momento en que descubrí esto de la literatura, allá por un E.G.B que pasó a la historia de las siglas olvidadas. 


Yo, desde mi humilde pedestal, quiero homenajear (aunque no le haga falta) a ese sevillano del barrio de san Lorenzo que me enseñó, a través del olor de sus obras completas en la edición Aguilar,  que la poesía es la herramienta de la paz. Por ello, he escogido la rima LIII para hablarle a ese amor que nunca cesa, al que nunca nos cuestiona, y al que siempre nos espera... 

Ahí va mi ínfimo homenaje a don Gustavo Adolfo...

Volverás a salir en Viernes Santo,
en tu palio, de nuevo, a pasear,
y, otra vez, bambalinas y varales
los balcones rozarán.

Pero aquellos que se fueron en  el tiempo
cuando tu cuadrilla recién echaba a andar;
aquellos Viernes de nombres no olvidados,
ésos,…no volverán.

Volverá, lo sabes, san Matías
de nuevo, tus costales, a tentar,
sonarán de nuevo nuevas marchas
para alentar eternas “revirás”.

Pero ese palio pequeño, que se fuera,
y esa Virgen de capilla colegial,
capataces inexpertos y noveles,
ésos…no volverán.

Mas, por suerte, tienen alma tus entrañas,
que la Cuaresma vuelve a reinventar;
otra vez, a oscuras, tus calderas
ansiosos buscarán…

Y al llegar la vuelta, por el puente,
A su gente, les dirá tu capataz:

“como Tú nos quieres, madre Mía”,
así…no nos querrán”.




viernes, 23 de junio de 2017

Vuelo libre...


Sin condiciones, sin ataduras, al menos perceptibles a nuestro ojo, que intenta dibujar su estela cuando recorren fugazmente el cielo que hay sobre nuestras cabezas. No son los mismos, o quizás sí, que nosotros no podemos, normalmente, discernir si tales o cuales especímenes, plumas, alas, pico, son los que pían por las mañanas despertándonos, o forman una algarabía incensante con su "griterío" antes de descansar en cualquier rama. 

A mí, a veces, me gustaría volar sin rumbo durante el día, no tener nada que me diga dónde debo ir, dónde comer, aunque, eso sí, necesite volver de noche al mismo nido para esperar al día siguiente. Ellos son así, aún con sus cosas, animales de vuelo arbitrario desde que su madre les invitara a salir del nido, muy jóvenes, aun a riesgo de acabar despanzurrados sobre las losetas del barrio para horror de la chiquillería, en su duro aprendizaje de cara o cruz, de todo o nada. 

Al menos, una vez cada noche, siempre a la misma hora y más o menos en el mismo lugar de la improvisada "rama", tengo la certeza de que los mismos pájaros acuden a la cita del "ojopatio", vigilados por la vecina que teme les ensucien las sábanas, a descansar las alas después de una dura jornada. Mañana volverán a los cielos, a ser seguidos por los dedos de nuestros niños, volando, veloces, en su ejercicio ancestral de vuelo libre...

miércoles, 21 de junio de 2017

Las luces de la feria...

Más allá del jolgorio flamenco, de las casetas vomitando sevillanas a todo gas, del albero y los caballos, de los palitos de ron (el que la lleva la entiende), de la "Tere" con la tartana y el tráfico de personas, taxis y más personas, está la calle del infierno; ésa a la que acudimos puntualmente porque un lucero vestido de gitana (que en Graná no se viste una de flamenca) quiere que la montemos en los columpios, y acudimos a su reclamo para llenarnos de reflejos multicolores, buscar en las retinas de nuestros hijos el brillo de la ilusión por montarse en un caballito, darle a una pelota de goma al pasar a lomos de una moto que la inocencia infantil hace que sea de verdad, o la sonrisa que le invade cuando intentas cogerle un peluche de su película favorita de dibujos animados, aunque el truco del establecimiento nunca te deje conseguirlo.  

Yo no soy feriante, llámenme loco, pero nunca me ha gustado demasiado (lo hacía porque había que hacerlo) ir al ferial a pasar calor a cualquier hora, dejarme los oídos pelados con la potencia de los altavoces y pagar el doble por platos que contienen la mitad, así que mi "malafornicius granatensis" (gracias por todo, Ladrón de Guevara) se duplicaba, como el precio de las raciones, llegada esta época (excluyendo las indefinibles jornadas del Corpus y la Octava). Pero, afortunadamente, todo cambia con la llegada de un hijo, y comprendes el enorme valor que tenía tu padre al llevarnos a todos, saber el columpio que nos gustaba a cada uno, seleccionar el número de acuerdo con el presupuesto, y devolvernos a casa contentos, cenados, y cargados de cosas que para nosotros, en nuestra infancia, eran maravillosas. Por eso vuelvo cada año, esperando ese momento como uno de los grandes en el calendario, sólo por ver la cara de mi hija recorriendo las atracciones, y pidiéndome "otro más" cada vez que se baja de uno y es que, aunque pueda parecer que no, sus ojos son las verdaderas luces de la feria...

lunes, 19 de junio de 2017

La belleza...

La belleza de una mañana de domingo 
está  en cualquier cosa que miramos,
 a veces no lo percibimos, 
a veces es que ni miramos.

La belleza de los ratos que vivimos, 
no la vemos, quizá, no la esperamos, 
pero vive en las palabras que dijimos, 
y también en esa flor que un día tocamos...

La belleza...





jueves, 15 de junio de 2017

Hoy, esta mañana, ya...

Ha llegado la hora, una vez cada lustro, ahora menos, este que os escribe desde el atril de sus vivencias, se viste de costalero. ¡vaya una novedad!, pensarán algunos, pero lo cierto es que só que lo es. Es una novedad porque cada vez que te metes debajo de un paso, es como si todo fuera nuevo, ya que nada es igual, y eso bien lo saben los que todos los años que el físico les deja, sacan a Jesús y a María por las calles de la ciudad; Pero es una novedad porque no todos los días, ni todos los años (un lustro hace que lo hice yo la última vez) se tiene la oportunidad de llevar a Dios, sin apellidos, sobre la malgastada cerviz que los años van deteriorando. Y no todos los años, además, lleva uno a Dios, sin más, haciendo historia costalera en nuestra Granada; y es que, hoy, Jueves de Corpus, días grande de nuestra ciudad porque tuvimos a bien mantener la fiesta en Jueves y no pasarla al Domingo, se cumplirán veinticinco Jueves que relucen más que el sol, en los que, a Dios, lo llevan los costaleros de Granada.

Para los cristianos, no es una procesión cualquiera, ya que aquí no hay imágenes a través de las cuales vamos hacia Dios, rezándoles en sus pasos, cuando la Semana Santa inunda el calendario, sino que hoy, es el mismo Dios, hecho carne en la Hostia Consagrada, por lo que la ciudad, sabedora de la grandeza del día, se echará a la calle para honrar a su divina Majestad y pedirle todas las cosas que se le piden, cuando el sol granadino aprieta, sobre alfombra de juncia (si bien se echa en falta mucha más, que antes no se veía el asfalto bajo la verde capa), y con las emociones a flor de piel propias del día. (A mí me recuerdan todos los años que me perdí una mañana de Corpus por querer ver a los caballos, que iban abriendo el cortejo, y me rescató una amiga de mi madre que reconoció mi cara, sofocando así la de susto que tenía mi progenitora mor de la afición hípica del niño que, pasado ese día, desapareció por completo).

Hoy es el Día. Hoy se viste uno de blanco con otro aire, prepara su costal de otra forma, se enfrenta al paso con la misma profesionalidad, pero con esa nota diferenciadora que otorga el saberse protagonista de una historia de Fe, de legado, de tradición, de Granada,...una historia que se repite año a año, pero que sólo cada cinco se puede vivir de costalero. Así que, yo voy en busca de ese momento de conexión con Dios, única, irrepetible, y mía. Vosotros, disfrutad de Granada en su fiesta por excelencia, que el Jueves de Corpus, es hoy, esta mañana, ya...

miércoles, 14 de junio de 2017

Perderme...


Nunca te vi, por tu barrio, cuando las celosías del convento no dejan pasar la luz al estar tras ellas las monjas que te ven partir al encuentro de Granada. Nunca te vi, derramando tus lágrimas por las calles de la Judería, antigua como las cuestas que preceden a la Alhambra, cobijada por el palio tan distinto, tan parecido, porque nada cambia si eres Tú la que nos llama a mirarte, y no podemos distinguir estos azules nuevos de aquellos otros porque es tu cara lo único que debe mirarse bajo el cielo de tu barrio. Nunca te vi, que mis pasos cofrades me llevaron lejos de la collación por donde discurrió mi infancia estudiantil, a esa otra que siempre ha sido la mía, donde muere el que protege a la ciudad en la que vives, en la que reinas. Nunca te vi, mis ojos no saben cómo te mecen los tuyos, cómo se derriten los pabilos llorando la cera sobre tu candelería, cómo se engalana Santiago, Molinos y Fortuny cuando pasas por ellas sin que nosotros queramos, porque si pasas no vuelves hasta el año siguiente. Nunca te ví, porque formas parte de la Semana Santa no vivida, la que pertenece a la ciudad pero no al cofrade de Lunes Santo, que esa misma jornada busca su historia bajo el hábito de su hermandad que, por eso no te ve, engrosa la nómina del mismo día. Formas parte del Lunes que leo en los diarios, que veo en las redifusiones, que conozco por fotos y por actos fuera de la Semana Santa, pero que no he vivido nunca porque me llama lo mío, y nunca te he visto llorar cuando vienes cansada en la madrugada del martes, ni te he visto iluminada por las luces esquineras que transmiten tu pena con débil iluminación. Conozco tu cara, pero no tus maneras, conozco tu palio, pero no sus mecidas, conozco la calle, pero no sus sonidos…


Nunca vi como la flor
oculta tu filigrana;
ni sentí como te llama
tu barrio en una Oración.

Nunca vi como tu amor
se desgrana por Santiago
haciendo morir humano
al que nació redentor.

No conozco las hechuras
que te hacen ser distinta
bajo tu palio que encinta
un rosario de Amargura.

Pero sí puedo decirte
y mi promesa te dejo,
que buscaré tu cortejo
mientras que pueda escribirte

tendré que reconocerme
en mi realejo perdido
y, conteniendo un gemido,
en tu mirada…perderme.

Fuente fotografía

lunes, 12 de junio de 2017

Granada en cien fotos...


Granada es algo más que un nombre ligado a una historia. Algo más que el último bastión árabe de la península cuando Isabel y Fernando jugaban al "risk" sobre la piel de toro, algo más que blancos pìcos y azules aguas saladas, algo más que pueblos blancos escondidos entre barrancos y algo más que una Alhambra rasgando el cielo con la Torre de la Vela. 

Sí, Granada está por encima de sus emblemáticos barrios, de arriba a abajo, de Mezquitas convertidas en iglesias a una judería en pleno centro de la ciudad, está por encima de capitulaciones y cascamorras, por encima de tarascas y cabezudos, de cofradías hiriendo la noche con ecos de cornetas y de cruces de Mayo que nos recuerdan quiénes somos y quiénes no queremos ser. Granada está por encima de todo esto, porque Granada tiene algo más, cómo diría Barbeito, que es capaz de interpretarla. Granada tiene a los granadinos, mal que le pese a algunos, que enriquecieron su nombre con sus actos, aunque no todos buenos (acuérdense de la leyenda del señor de Zafra), y cuenta entre sus hijos a personajes ilustres de las letras y la música, entre otras artes, cuyas obras llevan el nombre de la ciudad que los vio nacer más allá de las fronteras jamás pensadas por ellos. Eso es lo que hace grande a Granada, cada uno de sus habitamtes, desde los nuevos barrios extramuros, hasta el mismísimo kilómetro cero de la "malafollá" que diría Ladrón de Guevara, Granada cuenta tantas historias como ciudadanos viven en ella, haciendo que cada paso por la ciudad sea el reflejo de las gentes que la habitan, y es que Granada, sobre todo, es eso...sus gentes.

viernes, 9 de junio de 2017

hoy me acuerdo de ti...

Mira tú por dónde, hoy me he ido a acordar de ti, no es que no te recuerde con frecuencia, pero hoy tu recuerdo ha sido tan claro, tan real, que me he vuelto contigo allí donde la Esperanza va sobre un trono, y la biznaga se reparte en la calle de un Marqués. Me he ido contigo, cuando el sol me ha vuelto a dar en la cara por Junio, y he sentido en mis pies el frescor de la mar en la Misericordia, y el salitre se ha venido como cuando entraba por la ventana, turno de tarde, turno de mañana, en la calle de Héroe de Sostoa. 

Me he visto de nuevo, en mi inexperiencia, vestido con la bata y subiendo la temperatura del aire acondicionado porque tú tenías frío, y he vuelto a hablar contigo, en la distancia, de tantas cosas, cuando mi acento te hacía recordar tus orígenes y mi nostalgia se iba en nuestras conversaciones. Me he ido contigo, embarazada de tu niña, a aprender de la vida en un susurro, y he vuelto a añorar, ahora que van a hacer diez años de mi marcha, las lágrimas que quisieron asistir, sin invitación, a nuestra despedida. Un cajón lleno de "garguerías", y esa noche última en la que la mar fue nuestra testigo, cuando os dije adiós de la mano de mi todavía novia, y os dejé allí, para ir a veros sólo de vez en cuando. 

Hoy, que la vida ha hecho con nosotros lo que ha querido, veo las fotos de tus hijos ya adolescentes, veo las de mi hija, veo todo lo que ha cambiado a nuestro alrededor, y siento una profunda alegría porque el destino me llevó a tu tierra de adopción, y me acogiste con los brazos abiertos. Hoy tengo allí dos amigas, dos baluartes, dos buques insignia de todo lo que tenga que ver con la amistad, y una parte de mí mismo, de mi historia, que se quedó en la orilla del mediterráneo y que voy a buscar cada vez que me pica la nostalgia, fíjate, en sentido contrario de la carretera. Y me acuerdo de ti, de tu ayuda, de las veces que nos hemos reído, de las cosas que compartimos cada turno de tarde, en ese lugar en el que aprendí lo que no quería llegar a ser como profesional, pero que me dio tanta vida, que siento que dejé allí algo más que un puesto de trabajo. 

En Granada, el calor empieza a hacer de las suyas y añoro el aire de Málaga, porque hoy me acuerdo de ti... 


miércoles, 7 de junio de 2017

Aquí sigo...

No tengas miedo...yo te estoy esperando, te estaré esperando siempre, incluso cuando el paso del tiempo te haga pensar que me fui, una tarde de Mayo en el que el sol me cuajaba. Ven, salta, aquí estoy, con mi mano presta a sujetar la tuya, como cuando sonreías al notar que el agua del mar te golpeaba en la cara, y yo te llevaba en volandas en nuestro principio de todo. Aquí sigo, mira a ambos lados antes de cruzar, aquí sigo, ten cuidado no vayas a caerte del sofá. Aquí sigo, en la música que me define y te recuerda que estuve, en las cosas que vuelven porque yo las llamo para ti, y en las que no te imaginas pero te tengo preparadas. 

Ven, mira atrás, y huye del calor de un Agosto que asfixia, que llega Septiembre y tus brazos morenos delatan que estuviste en la playa, siempre nuestra playa, colecciones de cristales y conchas que aún suenan dentro de su caja rosa. ¿Recuerdas? has crecido, eres la misma pero lo olvidaste, ahora eres tú la que abre la mano para abrazar lo que venga, y proteger a los tuyos de la estival tormenta, ahora son otros los que ríen cuando cantas, y te buscan corriendo cuando abres la puerta. Sí, aquí sigo, no sólo en la foto que miras de cuando eras niña y te besaba en la frente, no sólo en los libros que lees y en las notas que silbas, yo estoy en todo, te sigo despertando por la mañana cuando vas a llamar a tus hijos, y te pongo el desayuno mientras ellos se toman la leche. Te lavo la cabeza con cuidado de no salpicarte en los ojos y tú le das el pato a la niña que me llama abuelo. Aquí sigo, llevándote al colegio escuchando tus historias, aferrada a tu peluche y a tu infancia, mientras sostienes las suyas camino de su escuela. Aquí, en todo lo que haces llevas mi huella, en todo lo que fui yo llevaba la tuya, y ahora estás aquí, escribiéndole a tu hijo lo mismo que leías de mí, aunque tú ni lo imaginas. 

Aquí sigo, aquí estoy, no tengas miedo, te estoy esperando, te estaré esperando siempre, incluso cuando el paso del tiempo te haga pensar que me fui...


lunes, 5 de junio de 2017

La foto que no sale...


Siempre hay una foto que no sale; no sé el porqué, pero no sale...quizá porque la busco y no la encuentro, o precisamente no la encuentro porque la busco, ya que esa foto es, en sí misma, algo no programable. También hay un verso que no se escribe, como hay un cuadro que no se pinta, y una canción inacabada, cosas a las que les falta nada para ser todo, pero ese "nada" no aparece. 

Me he desesperado, y creo que sigo haciéndolo, porque yo quiero hacer esa foto; sin esperarla, verla y ¡zas!, sin más, sin pararme a mirar por el visor demasiado tiempo porque será efímera, sin pararme a medir tiempos y aperturas de diafragma porque será perfecta, y sin pararme a ver lo que retrato, porque no sé que será. Pero no la encuentro, quizá el "quid" de la cuestión esté en no pensarlo...lo mismo, hay que escribir el cuadro, y pintar la música, fotografiar el verso y, quién sabe, escribir la imagen...eso debe ser, puede ser que estemos tan pendientes de buscar acabar lo que queremos hacer, sin pararnos a pensar que, a lo mejor, la belleza, el arte, está en lo ilógico...puede que ése sea el método, "andar por andar andando" que diría Alberto Cortez, sin necesidad de ir buscando lo que puede que no encuentres. 

Quizá la foto que no sale no deba salir nunca, o quizá ya haya salido y no lo vea; quizá esté ahí, y no sepa mirarla, o quizá esté mirándome esperando a que la vea. El camino se me hace largo, la lluvia empaña mis ojos, y el frío entumece mis músculos, quizá sea todo más fácil, sólo haya que secarse la cara con la manga de una desgastada camisa, sentarse en el sillón y mirar más allá de la punta de mi nariz; quizá el aroma del café caliente sea el analgésico perfecto, y la película gastada de tanto verla el mejor remedio. Quizá todo tenga sentido mirando al mismo sitio, adonde hay que mirar, sin esperar nada más, quizá escriba el cuadro, para cuadrar la cuadratura del círculo (¡vaya galimatías!), quizá sea esa la respuesta...a ver, ponerse todos...¡pa-ta-ta!

viernes, 2 de junio de 2017

La calle de nuestros niños...

Yo tuve la mía, o las mías, que en mi bagaje de infancia cupieron aquella en la que vivía y esa otra en la que jugaba los fines de semana. Desde el balcón de casa, los negocios que dieran vida a la angosta calle que recibía el sol muy de mañana o de tarde, han ido cerrando, poco a poco, testimoniando la edad que ya empieza a cumplir y que va cambiado su fisonomía, si bien lo esencial no cambia, aunque sí lo hagan las personas que allí viven. Vieron mis andanzas infantiles las galerías abiertas entre los cimientos de los altos edificios en donde pasábamos las horas alejados del calor, y custodiados por las tiendas de siempre, que velaban por nuestra seguridad mientras despachaban a los clientes del barrio. Allí jugué a las chapas, haciendo carreras con las que le quitábamos a las botellas de cerveza y pegándoles en el dorso la imagen de los ciclistas de la época, Perico Delgado era el favorito, y que corrían empujadas por nuestros dedos a ras del suelo de nuestra vida. Los tapones de casera nos servían, también, para hacer equipos de fútbol que tenían que introducir un garbanzo entre las porterías hechas, las más veces, con pinzas de la ropa, aunque siempre había uno que tenía las de plástico y red, y que nos ocupaban las vacaciones, y los fines de semana. Todo se solucionaba con una llamada por teléfono de nuestra madre a la tienda de turno para que subiéramos a comer, y rápido salíamos corriendo. 

Mis amigos de la infancia, ay, distancia, son ahora padres de familia que se fueron del barrio, como yo, a buscar su vida fuera de sus muros, y a los que no veo casi nada merced a nuestros diferentes horarios, y mis juegos de niño se fueron borrando de sus paredes como se borran los rastros que dejaran nuestras bicicletas sobre el suelo recién mojado del portal. Claro, que la ley de vida cobra un precio muy alto, y ahora tengo otra calle que he hecho mía, aunque nada tiene que ver con la que tuve, y por la que voy en pos de los pasos de otras risas, otros juegos y otros vecinos. El tiempo, esa máquina inexorable de deconstrucción, se ha encargado de que, ahora, mis amigos de la infancia y yo hayamos hecho nuestra, como ayer hicieran nuestros padres, la calle de nuestros niños...

miércoles, 31 de mayo de 2017

Sonetillo del tren...


Dos trenes van recorriendo
el raíl de mi existencia.
Uno, fatal persistencia,
la vejez me va trayendo.

En el otro están metiendo,
sin atisbo de clemencia,
la juventud, la inocencia,...
y pronto estará partiendo.

Uno me trae los temores,
ésos que ayer no existían
cuando sólo había fulgores.

El otro, una alegoría:
cambia ocasos por albores
siendo, mi tiempo, la "vía"...

lunes, 29 de mayo de 2017

Cosas de blog...

Ella es Andaluza, sevillana, bética y sus devociones van, a medias, entre Santa Catalina y san Juan de la Palma. Ella es mujer, pero no una mujer cualquiera, sino una mujer que escribe; y lo hace con una sensibilidad que hace que, al leerla, todo gire en torno a lo que escribe y a ella. A mí me ganó, hace ya unos cuantos años, cuando yo sólo sabía que me gustaba escribir, y punto. Pero ella estaba ahí, con ese nombre tan puramente sevillano, para decirme, desde el alma de su blog, que si a uno le gusta escribir no basta con hacerlo para él mismo, sino que hay que escribir para los demás, porque no hay nada más bonito que escribir para los demás, sobre todo si los demás no te conocen. 

Gracias a ella decidí abrir una ventana al cielo de Granada, para hablar de sus cosas, de las mías, y de todas las que me fueran surgiendo, inspirado en ese rincón suyo que huele a sal de Sanlúcar, sabe a "Rinconcillo", suena a Triana y mira  a Sevilla, y cautivado por la sencillez con la que cuenta todo, dice todo y escribe todo. La Dama que se "escondía" detrás de su sevillano nombre me enseñó que los sueños se consiguen, pero hay que luchar por ellos y, ahora, se lo dice, también, a mucha más gente desde su Azotea en el Correo de Andalucía. Por ella he leído a muchos autores, he conocido poetas, escritores que están ahí, pero hay que buscarlos y encontrarlos, y he deseado perderme donde el sol ilumina unas barcas de atardecida, y la sigo, porque me veo reflejado en ella, y porque sigue siendo un puntal importante sobre el que se asienta esta página desde la que, tres veces a la semana, cuento mis cosas a quién quiera leerlas. 

Ahora, el blog desde el que empecé a conocerla, se ha expandido al mundo, en forma de novelas, y la Dama dejó de ser la Dama para ser Reyes, y seguir enamorando a gente con su sutil escritura, desde ese "rincón selecto de la tierra, que es Sevilla"... 

Hasta aquí, la historia resulta interesante, pero ya os digo yo que es preciosa...hay otra mujer, del Realejo, afincada en Sevilla, muy cerquita de la Virgen de la Hiniesta (yo todo lo ubico según devociones), que se fue a Híspalis a estudiar Bellas Artes y allí se quedó, aunque mirando de reojo su Granada. Ella compartió conmigo las aulas más importantes, las de la infancia, y la vida nos hizo separarnos y reencontrarnos, y nuestra amistad es tan especial como la forma en que ella trata las cosas, dada su delicadeza de artista. Reyes y Montse no se conocen, pero bastó que yo leyera en facebook que la una firmaba su nuevo libro en Sevilla, para que llamase a la segunda y le pidiera un favor...¿qué creéis que pasó?...que allí se fue Montse, compró el libro, le pidió a Reyes que se lo dedicase a un chico de Granada amigo suyo que tiene un blog, y gracias a ese gesto, yo soy ahora el tipo más feliz del mundo...

Muchas gracias a las dos, sois maravillosas...

viernes, 26 de mayo de 2017

Paseo...

Soy de pasear, ya que paseando se descubren cosas que, a veces incluso, pueden llegar a ser tesoros según sea el ojo que las ve, o la mano que las coge. Soy también de salir de Granada, de dejar mi zona de confort para buscar nuevos sitios, nuevas fotos, nuevas letras con las que llenar mi siempre vacía libreta, y empaparme del alma de cada sitio para hacerlo un poco mío, y enriquecer mi colección de imágenes que vislumbrar después, cuando la tela translúcida del tiempo me las muestre de otro modo. 

En mis paseos, la cosa más simple puede ser extraordinaria, quizá porque nunca los hago sólo (bueno, de vez en cuando), y siempre me acompañan personas extraordinarias que aumentan, más si cabe, la ya de por sí enorme carga emocional que pongo en cada cosa que intento. Para llegar a los sitios, si somos de Granada, mejor andando, ya sabéis, pero en todas las ciudades eso no es posible, por lo que hay que desplazarse si queremos encontrar nuevas perspectivas, que es lo que cada cosa tiene que ofrecernos, ya que un mismo lugar es el mismo lugar siempre, pero lo hacemos único cada uno de nosotros, con nuestra perspectiva. 

Así, recorrer Sevilla en coche, llegar a las puertas del Parque de María Luisa, y dejarte llevar por el color, la luz y, como siempre, la compañía, es un alimento para el alma. Recorrer, sin prisa, nunca tengáis prisa cuando visitéis una ciudad, la Plaza de España y que se te llene la mente de "Suspiros de España", sentarte y disfrutar de una cerveza fría y un montadito, mientras juegas con esa niña rubia que es como tu sobrina, y hablar de lo que tanto te gusta con los amigos de verdad es un ejercicio que habría que hacer cada fin de semana, aunque la distancia no nos permita más que cada seis meses, por lo que se coge con más ganas el momento, y te llena mucho más. 

Paseando, me fijé en el contraluz de la tarde a través del muro del edificio que preside la plaza de los españoles en Sevilla, y busqué la foto que quería, porque después ella me hablará siempre que la mire, de mis amigos, de su ciudad y del tiempo que va pasando. Alguien sólo verá una farola, pero yo veo un domingo luminoso, una ciudad para vivirla a cualquier hora, y de un más que agradable paseo...

miércoles, 24 de mayo de 2017

Asonancias...


Si la vida es el regalo que nos dan sin merecerlo;
si nuestros años son prestados y luego hay que devolverlos,
si mis sueños son los tuyos y los tuyos son eternos,
si mi alegría es el aire que pone a tu pena consuelo.
Si mis ojos que te miran no saben cómo hay que hacerlo,
y les puede la vergüenza de morir en el intento,
si mis versos son la prosa de aquel que inventa tus besos….
déjame vivir contigo, porque quieras, porque quiero.



Si tus manos son el asa que sirve de agarradero
a estos pasos titubeantes que nunca encuentran sendero,
si tu risa es el rumor de la fuente y el riachuelo
que aportan agua de vida al mar de mis sentimientos;
si tus abrazos pequeños me cogen el pecho entero
y tus palabras me suenan a la música del cielo;
si existo porque tú eres y soy lo que tú has dispuesto…
déjame escucharte siempre, aún sin estar despierto.



Si te busco por la noche y durante el día soy ciego,
que ansía los rayos de luz que tú emites con tu cuerpo;
si necesito mirarme en tus ojos cual espejo
y quiero saber que sabes que, o vivo por ti o me muero.
Si mis errores no fallan si tú los ves como aciertos,
si tu existencia es razón que a este loco vuelve cuerdo,
si soy poeta sin musa y no hay sol, ni más destellos,
que el blanco de tu sonrisa y el brillo de tu cabello,
déjame poder mirarme para siempre en tu reflejo.



Déjame ser el jinete que galope por tu viento,
déjame llevar tu paso cual si fuese costalero,
o vuélvete carnaval y yo me torne en coplero,
para poder escribirte lo que me sale de dentro;
déjame ser ese yunque donde se bruñe tu acero,
y sé tú la princesita para ser yo tu escudero;
vuélvete esa rosa fresca que dure un invierno entero,
déjame ser el columpio en que se mece tu juego,
y préstame juventud, y fuerzas, y entendimiento
para verte ser mujer mientras que yo me hago viejo…

lunes, 22 de mayo de 2017

Al amor vacío...


Me habrás de venir buscando,
no sé si me encontrarás
que, a fin de cuentas, te vas
sin saber “por qué” ni “cuándo”.
Al fin me cansé, esperando
que vinieras a abrazarme,
me cansé de no mirarme
mientras mi tiempo pasaba.
Hoy sé que no te encontraba
porque no sabías buscarme.

viernes, 19 de mayo de 2017

Granada en cien fotos


Instantáneas se suceden, una a una,
con falta de color y despintadas;
la colina sí es la misma, mi Granada
ha tiempo que lloró por su fortuna.

Semiocultó el tiempo aquella luna
tantas veces dibujada, abocetada,
esculpida, escrita, imaginada,
por errantes manos oportunas.

Granada, otrora cuna de poetas
del amor y las musas siempre dueños,
huérfana quedó, duerme incompleta.

A sus calles, anfitrionas de los sueños,
barriéronles la esencia; en sus macetas
florecen, con penar, sus desempeños…

miércoles, 17 de mayo de 2017

Juegos...


Está sentada, no se sabe muy bien cómo, ya que ella es de no parar esté dónde esté, y los nervios se la comen de las ganas que tiene de correr a su encuentro. El otro, o la otra, según se mire, que el compañero de juegos no tiene sexo (o los tiene ambos), se acerca sigilosamente hacia ella, como si no quisiera que notara su presencia, pero eso es imposible; se aproxima, la roza, y ya está ella saltando otra vez hacia detrás, porque de lejos, quiere jugar, pero de cerca ya es otra cosa. 

Con el paso de los minutos se van entendiendo, uno y otro saben ya como actúan, cómo piensan, y aunque el otro, por ser más viejo, sabe muchas más cosas que ella y no debemos fiarnos del todo de él, se va adaptando a ella, hasta que se parece que se van a compenetrar y poner de acuerdo. Ella sigue a lo suyo, sentada en el suelo acercándose también, poco a poco, pero él la descubre y salta rápidamente hacia ella para que ésta vuelva a gritar entre risas y suba de nuevo para arriba buscando nuestra complicidad. 

Nos gusta verlos juntos, porque somos amigos de él desde hace mucho tiempo, ya que nos vio nacer a ambos, y nos ha reunido unas cuantas veces a toda la familia para compartir algún que otro rato juntos. Días, semanas y algún mes que otro, tardes sueltas que no te ocupan ni las ocupas, y que inviertes en pasar unas horas junto a él, contándoos las cosas que os han pasado durante el tiempo que no os habéis visto. Cuando la veo jugar, correr de un lado para otro, buscándolo, llamándolo, me veo a mí, con su misma edad, haciendo exactamente lo mismo, y él sigue, a pesar del tiempo transcurrido, como el primer día que me lo presentaron...qué cosa es ésta del paso de los años, en la que el deterioro no afecta por igual, en ningún caso.

Ella sigue moviéndose, torpe e insegura; me mira y se ríe, me dice que vaya, mientras su madre sufre porque la ropa no es la adecuada, y yo me quedo quieto, mirándola, riéndome, y cogiéndole la mano para que pueda seguir jugando, por lo menos hasta que sea la hora de volver a casa....

Ella lo busca,
pero él no espera;
ella lo llama, 
él la contempla.

Suben y bajan
mor de los vientos,
del mar, las olas.
Ella lo quiere,
si juegan juntos
sus pies se mojan...

Así es la vida;
siempre atardece,
pasan las horas.
Ella se seca,
la mar busca otra
noche,
desnuda, y sola.

fuente fotografía pixabay

lunes, 15 de mayo de 2017

Los comienzos...

No sé responder, la verdad. No acierto a emitir una respuesta coherente sin que falte a la verdad por algún u otro lado, y es que es muy difícil descifrar en unos segundos qué fue antes, sí el huevo o la gallina. Si me pongo a rebuscar en el cajón desordenado donde se almacenan (algún día pondré orden y veremos a ver qué pasa) todas las cosas que fueron, hay varias que me acercan a mis orígenes cofrades, que podrían arrojar algo de luz a ese vacío en el que, inevitablemente, vive todo lo que a esta época se refiere, porque fueron muchos los que contribuyeron a que yo, hoy, sea el "jartible" que soy, con mis puntos y mis comas.

Los años no pasan en balde, así que resulta harto complicado vislumbrar tras los visillos del tiempo que ha ido pasando cuál de las imágenes es más antigua y, por tanto, merecedora de ser llamada la pionera a partir de la cual se fue construyendo mi bagaje cofrade, así que no sé qué contestar. Podría ser una desaparecida para el itinerario procesional Plaza de Bib-Rrambla (lateral izquierdo según se mira desde la calle Príncipe), detrás del kiosco de las flores y frente por frente de la juguetería, viendo pasar la efigie de un Cristo con la cruz a cuestas (ignoro a qué hermandad pertenecía), mientras mi paciente (y valiente) madre se desvivía por meter en vereda a cuatro niños cuyas edades estaban separadas sólo por cinco años, o esa otra en la que un paso de palio, desdibujado el rostro de la Virgen por las tufaradas del incienso, avanzaba subiendo la rampa de la catedral y yo, muy pequeño y en primera fila, pegado a sus rejas cerradas (no siempre se ha entrado dentro de la S.E.O granadina, como sabréis) me agarraba a las piernas de mi padre para que no me arrastrasen a empujones mis vecinos de pipas y "¿ésta cual es?, aunque siempre sea la Virgen de los Dolores.

Cualquiera de las dos podría ser la primera, cualquiera de las dos me vale como comienzo de esta andadura que he ido enriqueciendo con momentos importantes a lo largo de los años; cualquiera de las dos me pega un pellizco que retuerce por dentro, cada vez que vuelvo a mirarlos con los ojos de la primera vez. Después de estos, otros en los que mi padre, cansado del trabajo del día entero, todavía tenía fuerzas para cogerme de la mano y, así, llevarme hasta la Plaza Nueva donde, ahora sí que la veo, la Esperanza volvía al templo. Recuerdo que le hablaba a la cuadrilla, desde dentro, para mí, como presintiendo en mi cuerpo de niño que algún día escucharía, desde abajo, al capataz batiendo las andas de la que manda en Santa Ana. Otros, distintos, pero igual de intensos, cada Miércoles Santo de mañana para acompañar al que muere en taracea y recorre la ciudad en total oscuridad para que sólo sea su luz la que nos salve...

Así me he ido formando, así me han ido haciendo; con estos cimientos he llegado a hablarle de tú a mi Semana Santa, a mi ciudad, y a sus tradiciones, ya que la mejor forma de ser de tu ciudad es integrarte en su folclor, porque es tuyo y suyo, y así te sientes parte de algo importante, aunque tú no seas más que la última "piececita" del entramado. Así he llegado hasta aquí y, cuando estoy escribiendo esto gracias a que una amiga me preguntó cómo vivía yo las hermandades, y por qué había entrado a formar parte de ello, siento que mi manos están fuertemente sujetas, protegidas y seguras, otra vez, como antes, como siempre, calle Reyes Católicos arriba, porque he vuelto a ser niño, y mis padres me enseñan su Semana Santa...

viernes, 12 de mayo de 2017

Poniéndole texto a una foto...


Ella estaba sentada, allí mismo, sobre la misma piedra que daba al lago, donde de niña pasaba todas las vacaciones. Las que más le gustaban eran las de verano, claro, cuando todas las cabañas se llenaban con las familias de siempre y ella jugaba con los demás niños, que después fueron los demás adolescentes,...Ahí es donde estaba realmente, no jugando con la espiga a hacer círculos sobre el espejo del agua para que la física ondulatoria hiciera el resto y toda la superficie se llenara de anillos concéntricos hasta donde alcanzaba la vista. No, ella estaba más allá del sol entrando y saliendo del agua como bañista omnipresente, más allá de la arena del fondo que se veía a través del limpio cristal, húmedo y transparente y, por supuesto, mucho más allá de sus actuales cuarenta y pocos, escuchando tras de sí las risas de Abril y Cloe, gemelas en todo, pero en todo, todo. 

Ella estaba en sus catorces años, cuando cogía la bicicleta y salía cuesta abajo hacia la cabaña 5, donde Alberto le despertaba algo más que la curiosidad, y por eso lo buscaba, es decir, lo buscó, y lo descubrió una tarde fresca al amparo del sauce; también se descubrió a sí misma, pero en aquel momento no lo sabía, perdidos sus ojos en el próximo camino por si alguien los encontraba. Ahora todo era distinto, la risas de sus hijas le recuerdan a las suyas, y en sus ojos ingenuos y despiertos ve también su ingenuidad de entonces, que todavía le juega malas pasadas cuando Alberto pasa por la puerta de su cabaña, y le guiña, mitad malicia, mitad complicidad, como buscando en su nuevo "look" los cabellos rubios que mesaba bajo el sauce...un golpe de agua bañando sus manos la saca de su "abandono", y corre hacia las niñas que la reclaman para el almuerzo, ahora es primavera en el lago, pero ella, cuando vuelve, vive siempre en verano....

A mi amiga Judit Paradinas, por los ratos de luz de seguridad, proyector y desayunos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

con tu cara...




No espero que la belleza se supere
al llegar de nuevo primavera;
no espero convertir lo que no era
ni espero que el que espera desespere.

Sólo quiero que lo intente, que se esmere,
que se afane en crearlo, si pudiera;
que inventase, para siempre y a mi vera,
algo mejor que tú y que me lo diere.

Al procurarlo, de seguro que erraría,
es imposible encontrar, aun si buscara,
otra que dé más luz cuando sonría.

no habrá nota que más dulce sonara,
ni sonido mejor, ni más poesía
que la rima de tu nombre con tu cara.

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

Si estás interesado/a en algo de lo que figura en esta Ventana, manda un e-mail a abuelo_costalero@hotmail.com antes de colgarlo en otra página.
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