viernes, 18 de mayo de 2018

El sol, la luna y,...la Esperanza


El sol va demorando
la hora de esconderse
pues no quiere perderse
el terminar del día…
la luna le urge aprisa
no se retrase tanto
que expira el Martes Santo
y llega la “recogía”…

Asoma por Elvira
la Dueña de la casa
mientras el Martes pasa
apenas comenzado;
la luna anda nerviosa
el palio se presiente
y el sol, astutamente,
olvida lo acordado.

Él daría color al palio
al salir de santa Ana
brillaría la filigrana,
de la plata, a su reflejo…
ella, en cambio, por la noche,
de su barrio, en la angostura,
realzaría su hermosura
al reflejarla en su espejo…

Pero él dice que “nones”
que se queda en su balcón
para ver esa emoción
con que Granada la llama,
quiere ver esa carita
de mocita primorosa
radiante como una rosa
que sólo tiene esta Dama…


Decide que no anochece
que esa noche no habrá luna
y que su luz, oportuna,
le prestará su belleza:
desde el principio hasta el fin
de la cofrade jornada
la Esperanza de Granada
tendrá al sol en su cabeza.

Y desde entonces, señores
Ella lleva por corona
al sol, que no la abandona
para apaciguar su llanto…
por eso es que, en Granada,
cada año y a esa hora
en que sale la Señora
se ilumina el Martes Santo.

Fuente fotografía:; Sergio Aguayo

viernes, 1 de septiembre de 2017

Pues eso...



¡Qué poco dura lo bueno que dura poco!...hace nada comenzaba el mes de Agosto que, en su final, me iba a dejar días de sol y playa en la Costa del Sol para disfrutar de mi familia y mi tiempo libre que, más que libre, ha sido meteórico, y ya estamos inmersos en el mes de los nardos, de las acerolas y de las tortas de cabello, y es que este mes suena a Angustias, y me sabe a chocolate con churros despidiendo el verano. 


Aquí estoy, de nuevo al pie del cañón, o del teclado, cogiendo fuerzas para un nuevo año, y es que éste no acaba en Diciembre (en Diciembre nace el Hijo de Dios) sino en Agosto, ya que en Septiembre todo vuelve a empezar de nuevo, por lo menos en este país en el que hemos nacido, que paraliza todo durante el mes 8, desde las colegios a los juzgados, pasando por hospitales y universidades; toda España entregada al solaz y a la tumbona, para que luego el "moreno" se nos vaya en una semana a lo sumo, quedándonos otra vez con nuestro traje de invierno. 

Para mí se acabó lo bueno que dura poco y, aunque ha sido intenso, aunque he disfrutado todo lo que he podido y más, aún me quedo con ganas, pero hay que guardar cosas para las próximas vacaciones, que diciembre está a la vuelta de la esquina y 2018 llama a nuestras puertas muy completo, aunque de eso ya os iré hablando a su debido tiempo. 

Regreso con muchas fotos, muchas reflexiones esbozadas, muchas sonrisas y muchos besos que, como bolsa de chucherías, iré sacando poco a poco para endulzarme la vida cuando sople el Cierzo y así poder dar cuenta en esta bitácora verde de todo lo bueno que ha pasado y está por pasar, que ya está bien de desayunar amarguras por las mañanas, que las únicas Amarguras que deberían estar presentes en nosotros son las que escribiera Font de Anta...

Señoras y señores, Madame et Monsieur, demos un fuerte aplauso al mes que hoy comienza, ¿qué no?...pues eso...

lunes, 14 de agosto de 2017

háblame...


Háblame, con el acento que nos diferencia, de esos momentos que, de tantas maneras, te han llenado el alma y el cuerpo. De esa vez que nos conocimos, en un Albaycín frío, cuando las cornetas de Fígares lloraban sus metálicas notas a los pies de la Aurora, o de la primera vez que, en penumbras, le viste la cara a la Virgen de la cara bonita. 

Háblame, en un intento de acopiar tantos instantes, hermosos y emocionantes, de todas esas cosas que yo no he podido vivir, de tu infancia en Sevilla, de lo que es trabajar a las órdenes de Ismael, de Mariano, de los Palacios, Los Ariza, de Loreto, y de "Pocholo", que el barrio te engrandece porque sabe a pastel de Osuna y a un Moreno que todo lo puede. Háblame, y si no puedes traga saliva, y vuelve al principio, para contarme lo que es acudir a una clase de poesía cada vez que Luis cogía el martillo, le hablaba a los suyos, y tú lo escuchabas todo sosteniendo tu cirial. O de cuando le dijiste "sí,quiero" a esa morena que canta que te quita "to er sentío", a los pies de Ésa que da nombre a un querubín de mirada azul e imposibles rizos, y la bandera pirata ondeó en la celebración dejando claro que siempre serás de la "Perla".

Háblame del fresco de Madrugada cuando la Sentencia hiere el cuello de los hombres buenos y su Madre se duerme a los sones de "Madrugá Macarena", y los "suspiros de España" son los tuyos también, que la llevaste...porque de eso, de lo que es llevarla, no vas a poder hablarme porque te emocionas al hacerlo. O de cuando tu hija se bautizó en el Quema tirándose literalmente de cabeza, o cuando su madre le cantó al cruzarlo...

Yo, sí quieres, te hablo de otras cosas, ésas que no sabes, de mi infancia en Granada, lo que es llevar a Dios por las calles un Jueves de Corpus, del Mayor Dolor revirando a los mandos de nuestro amigo, y de un palio en silencio por la oscuridad de san Antón. Te hablo de Cristos que se recogen mirando la Alhambra, y de palios que bajan cuestas a hombros de costaleros que, eso sí lo sabes, ya molesta subirlas a pie, y te hablo de una niña que tiene "titos" en Sevilla, y de que a veces creo ver la Giralda al asomarme por la Torre de la Vela. Te hablo de Vírgenes de Gloria por la Alhambra, y de un batallón de costaleros para una Esperanza, que es tu Esperanza pero con distinto manto.  Háblame, que me debes una entrada en esta página, y asómate a la ventana, que quiero seguir viendo Sevilla a través de lo que cuentas...Un abrazo, yo ya no puedo hablar más...

viernes, 11 de agosto de 2017

En el mantel...

Mi abuela, orgullosa granadina ella, me enseñó a ver a la Esperanza con los ojos de una anciana que recordaba sus tiempos felices en las casas de plaza Nueva, cuando el frío era frío de verdad y se colaba por los desvencijados muros de las viviendas sin agua caliente, y en las que un brasero de picón calentaba la estancia el mismo tiempo que tardabas en acostarte. 

He aprendido, desde el moderno barrio de Fígares, a querer a la Esperanza como la quieren los que viven junto a Ella, los que se levantan mirando la torre mudéjar de Santa Ana, y a los que el sol les anuncia el día donde el Darro se esconde para siempre. He aprendido a verla en cada revuelta de mis sueños, en cada esquina, y a añorarla cuando mis pasos me llevan lejos de Ella, por los motivos que sean. 

Mi abuela no entendió nunca que mi hermano y yo nos pasáramos las tardes de los viernes viendo vídeos de la Semana Santa hispalense, estando en Granada la Esperanza y es que, para ella, nunca hubo otra Virgen que la de Risueño, por eso quiero yo a la Esperanza de esta forma, anteponiéndola al resto, porque las demás tenían “cara de modernas” y llamándola Madre mucho antes de saber lo que eso significaba. Yo quiero a la Esperanza como ella y, al mirarla, veo sus ojos verdes que tantas veces me hablaron de la de Santa Ana, mirándome, dejando en cada mirada mil besos, su cariño y su protección, y ahora, desde esa casa de Plaza Nueva en la Granada del cielo, me sigue hablando de su tierra, y su Esperanza…   

       
        Durante mi niñez y adolescencia
tu casa fue el cuartel de mis desvelos
allí las tropelías de bribonzuelo
se trataban con más condescencendia.

La ley y lo castrense de mi abuelo
su cariño y su amor sin estridencias,
tu mano en mi cabeza, mi imprudencia,
tu abrazo, tu perdón y mi consuelo…

      Recuerdos de pasillos con retratos,
y un balcón con macetas a tropel,
una jaula con canarios y algún gato…

Tu voz, al preguntar tras el dintel,
la Esperanza, Plaza Nueva, tus relatos
y un café, "cargadito", en el mantel…



miércoles, 9 de agosto de 2017

Por san Bernardo...

La muerte, en andaluz, se viste de torero
un miércoles, azul, de Primavera
paseíllo de esparteñas costaleras,
que recorren, obedientes, el albero.

La muerte acecha la puerta de chiqueros
que ella nunca falla, y es certera,
mas cuidan sus costales que no hieran
los clavos, las heridas, y el madero.

El Refugio, ante la muerte desabrida
es una mujer con ojos pardos
cuyo amor irrumpe en estampida.

Aleja a la muerte, sin retardo,
se suspende, en la plaza, la corrida,
y ya todo es Salud, por san Bernardo.


lunes, 7 de agosto de 2017

El gran olvidado...

Esta mañana quiero romper una lanza en favor de esas playas por las que nadan mis veinte años, y aprenden a hacerlo mis dos, que han pasado de ser solares, con absolutamente nada, a salpicar la pared de la montaña de bloques de pisos, y en las que aún quedan zonas a las que se puede ir tranquilo, si quieres huir de la masificación de sombrillas y tipos "ahora es cuando se está bien aquí"

Quiero hablarle a esas profundidades, a perder el pie nada más entrar al mar, a la temperatura que te refresca, que te da un pellizco cuando te metes pero te atempera el cuerpo, no a esas de kilómetros de arena en las que no puedes nadar y sólo andas, y su agua templada no ayuda con el calor de los estíos. Quiero piropearte a ti, litoral de roca pura y dura, de pueblos hechos a partir del monte, de "Casa Paco" y "Tito Yayo", de Góndolas y plazas del Choco, pero también a esa que tiene forma de Herradura, a La Mamola, Castell y la Rijana, y a todas aquellas que la gente sólo conoce de ver su nombre en los paneles de las salidas de autovía, sin haberse atrevido a echar el intermitente y sorprenderse. 

Playas de verano granadino, potente y maleducado, que asola al veraneante y lo hacer hervir, literalmente, salvo cuando se sumerge en sus limpias aguas, pero de un invierno agradable y hospitalario, que invita a recorrer sus "callecillas" al mediodía, y a sentarse en sus terrazas con una cerveza fresquita y nombre de monumento. De una primavera única, con una Semana Santa diferente y unas tradiciones arraigadas en su solar, como lo están las casas al mar que ha alimentado a sus pescadores durante siglos, no olvidemos que los fenicios ya la quisieron para sí, hace muchísimos años. 

El Muerto, Cotobro, Tesorillo, son nombres que sólo a los granadinos nos dicen algo, como le dice cada año su Virgen del Carmen a los Marinos, ya que para el orbe andaluz no hay más playas que las de Almería, Málaga, Cádiz y Huelva, siendo las granadinas las completas desconocidas, quizá porque la autovía ha sido un desastre de construcción con el que han jugado gobiernos y gobiernos, dejando en la pobreza al puerto motrileño, a una hora de la Alhambra, que nunca ha llegado a desarrollarse plenamente pudiendo haber sido la riqueza de la ciudad. El turismo, casi en su totalidad, huye de Granada si busca el mar, pero ya le digo yo que se equivoca, que aunque las banderas azules prefieran a sus hermanas mayores, las playas granadinas invitan al descanso, a disfrutar del submarinismo, del tiempo libre y de sus maravillosas aguas, con una amplia variedad de sitios desde una punta a otra de su litoral que, al menos hoy, en esta página de fondo verde, dejará de ser el gran olvidado... 


sábado, 5 de agosto de 2017

Sábado...


Es Sábado, un día que, no sé porque, mi subconsciente que tilda todo, que clasifica todo, colorea de color azul, acaso porque el azul es el color del cielo raso, que invita a pasear, y el del mar, que invita a todo. 

Llega el final de la semana para todo guerrero, toda persona que, de lunes a viernes, se entrega a la vorágine de su actividad laboral, con la mirada puesta en él, como uno resquicio por el que escapar a la libertad, y le huele a aire fresco, y a tiempo libre. Comienzo de la jornada para todos aquellos que trabajan los fines de semana, o un día como otro para los que lo hacen de lunes a Sábado, aunque a éstos ya les parece distinto ante la proximidad del domingo. 

Los Sábados, me gustaría que fuesen completos, días de cámara fotográfica y motocicleta, carretera hacia el sur y al salitre, "viento de cara" de Supersubmarina, olor a gasolina y el rugido del motor como banda sonora. Curvas a un lado y a otro, carretera de montaña, que las autovías perdieron todo el encanto nada más empezar a construirlas, parada en este o aquel bar, descanso y vuelta al camino. 

La moto es un elemento que se me está quedando olvidado en su cárcel de paredes blancas y línea roja, desde la que me mira solitaria, triste y un poco sucia, mientras yo me afano en mi rutina y no le dedico ni un minuto. Siempre quise tener una moto más grande, más robusta, pero la que tengo me ha acompañado en tantas ocasiones, son tantas las cosas que hemos hecho juntos, que me duele su olvido y mi desidia, aunque no hago mucho por remediarlo, todo lo más sacarla para ir al trabajo de vez en cuando, y que sus piezas no se pudran en la soledad del garaje. echo de menos llevarla todos los día, bajarla a la costa cada fin de semana, disfrutar de ella como antes, pero las cosas imponen su razón y la nuestra, por desgracia, debe ceder ante los nuevos impulsos. 

Puede que algún día recupere esa otra parte de mí, esa que siempre vuelve los ojos cuando el "ruido" de un motor se escucha des lejos, la que saluda, al volante, a los que , sobre dos ruedas, cubren kilómetros de asfalto, la que se ajusta la chupa y los guantes, acciona la llave y vive el momento. Puede que algún día me sorprenda a mí mismo y la arranque, la deje ronronear durante un "ratito", y meta primera para salir de ruta por los viejos tiempos, con esos amigos que me insisten y a los que siempre le pongo excusas, y sentir de nuevo la paz que da la carretera, aunque ya nada sea igual, y todo quede muy lejos...algún día, quizá, volveré a ella, y todo será, de nuevo, como cualquier sábado...  

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

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