viernes, 23 de junio de 2017

Vuelo libre...


Sin condiciones, sin ataduras, al menos perceptibles a nuestro ojo, que intenta dibujar su estela cuando recorren fugazmente el cielo que hay sobre nuestras cabezas. No son los mismos, o quizás sí, que nosotros no podemos, normalmente, discernir si tales o cuales especímenes, plumas, alas, pico, son los que pían por las mañanas despertándonos, o forman una algarabía incensante con su "griterío" antes de descansar en cualquier rama. 

A mí, a veces, me gustaría volar sin rumbo durante el día, no tener nada que me diga dónde debo ir, dónde comer, aunque, eso sí, necesite volver de noche al mismo nido para esperar al día siguiente. Ellos son así, aún con sus cosas, animales de vuelo arbitrario desde que su madre les invitara a salir del nido, muy jóvenes, aun a riesgo de acabar despanzurrados sobre las losetas del barrio para horror de la chiquillería, en su duro aprendizaje de cara o cruz, de todo o nada. 

Al menos, una vez cada noche, siempre a la misma hora y más o menos en el mismo lugar de la improvisada "rama", tengo la certeza de que los mismos pájaros acuden a la cita del "ojopatio", vigilados por la vecina que teme les ensucien las sábanas, a descansar las alas después de una dura jornada. Mañana volverán a los cielos, a ser seguidos por los dedos de nuestros niños, volando, veloces, en su ejercicio ancestral de vuelo libre...

miércoles, 21 de junio de 2017

Las luces de la feria...

Más allá del jolgorio flamenco, de las casetas vomitando sevillanas a todo gas, del albero y los caballos, de los palitos de ron (el que la lleva la entiende), de la "Tere" con la tartana y el tráfico de personas, taxis y más personas, está la calle del infierno; ésa a la que acudimos puntualmente porque un lucero vestido de gitana (que en Graná no se viste una de flamenca) quiere que la montemos en los columpios, y acudimos a su reclamo para llenarnos de reflejos multicolores, buscar en las retinas de nuestros hijos el brillo de la ilusión por montarse en un caballito, darle a una pelota de goma al pasar a lomos de una moto que la inocencia infantil hace que sea de verdad, o la sonrisa que le invade cuando intentas cogerle un peluche de su película favorita de dibujos animados, aunque el truco del establecimiento nunca te deje conseguirlo.  

Yo no soy feriante, llámenme loco, pero nunca me ha gustado demasiado (lo hacía porque había que hacerlo) ir al ferial a pasar calor a cualquier hora, dejarme los oídos pelados con la potencia de los altavoces y pagar el doble por platos que contienen la mitad, así que mi "malafornicius granatensis" (gracias por todo, Ladrón de Guevara) se duplicaba, como el precio de las raciones, llegada esta época (excluyendo las indefinibles jornadas del Corpus y la Octava). Pero, afortunadamente, todo cambia con la llegada de un hijo, y comprendes el enorme valor que tenía tu padre al llevarnos a todos, saber el columpio que nos gustaba a cada uno, seleccionar el número de acuerdo con el presupuesto, y devolvernos a casa contentos, cenados, y cargados de cosas que para nosotros, en nuestra infancia, eran maravillosas. Por eso vuelvo cada año, esperando ese momento como uno de los grandes en el calendario, sólo por ver la cara de mi hija recorriendo las atracciones, y pidiéndome "otro más" cada vez que se baja de uno y es que, aunque pueda parecer que no, sus ojos son las verdaderas luces de la feria...

lunes, 19 de junio de 2017

La belleza...

La belleza de una mañana de domingo 
está  en cualquier cosa que miramos,
 a veces no lo percibimos, 
a veces es que ni miramos.

La belleza de los ratos que vivimos, 
no la vemos, quizá, no la esperamos, 
pero vive en las palabras que dijimos, 
y también en esa flor que un día tocamos...

La belleza...





jueves, 15 de junio de 2017

Hoy, esta mañana, ya...

Ha llegado la hora, una vez cada lustro, ahora menos, este que os escribe desde el atril de sus vivencias, se viste de costalero. ¡vaya una novedad!, pensarán algunos, pero lo cierto es que só que lo es. Es una novedad porque cada vez que te metes debajo de un paso, es como si todo fuera nuevo, ya que nada es igual, y eso bien lo saben los que todos los años que el físico les deja, sacan a Jesús y a María por las calles de la ciudad; Pero es una novedad porque no todos los días, ni todos los años (un lustro hace que lo hice yo la última vez) se tiene la oportunidad de llevar a Dios, sin apellidos, sobre la malgastada cerviz que los años van deteriorando. Y no todos los años, además, lleva uno a Dios, sin más, haciendo historia costalera en nuestra Granada; y es que, hoy, Jueves de Corpus, días grande de nuestra ciudad porque tuvimos a bien mantener la fiesta en Jueves y no pasarla al Domingo, se cumplirán veinticinco Jueves que relucen más que el sol, en los que, a Dios, lo llevan los costaleros de Granada.

Para los cristianos, no es una procesión cualquiera, ya que aquí no hay imágenes a través de las cuales vamos hacia Dios, rezándoles en sus pasos, cuando la Semana Santa inunda el calendario, sino que hoy, es el mismo Dios, hecho carne en la Hostia Consagrada, por lo que la ciudad, sabedora de la grandeza del día, se echará a la calle para honrar a su divina Majestad y pedirle todas las cosas que se le piden, cuando el sol granadino aprieta, sobre alfombra de juncia (si bien se echa en falta mucha más, que antes no se veía el asfalto bajo la verde capa), y con las emociones a flor de piel propias del día. (A mí me recuerdan todos los años que me perdí una mañana de Corpus por querer ver a los caballos, que iban abriendo el cortejo, y me rescató una amiga de mi madre que reconoció mi cara, sofocando así la de susto que tenía mi progenitora mor de la afición hípica del niño que, pasado ese día, desapareció por completo).

Hoy es el Día. Hoy se viste uno de blanco con otro aire, prepara su costal de otra forma, se enfrenta al paso con la misma profesionalidad, pero con esa nota diferenciadora que otorga el saberse protagonista de una historia de Fe, de legado, de tradición, de Granada,...una historia que se repite año a año, pero que sólo cada cinco se puede vivir de costalero. Así que, yo voy en busca de ese momento de conexión con Dios, única, irrepetible, y mía. Vosotros, disfrutad de Granada en su fiesta por excelencia, que el Jueves de Corpus, es hoy, esta mañana, ya...

miércoles, 14 de junio de 2017

Perderme...


Nunca te vi, por tu barrio, cuando las celosías del convento no dejan pasar la luz al estar tras ellas las monjas que te ven partir al encuentro de Granada. Nunca te vi, derramando tus lágrimas por las calles de la Judería, antigua como las cuestas que preceden a la Alhambra, cobijada por el palio tan distinto, tan parecido, porque nada cambia si eres Tú la que nos llama a mirarte, y no podemos distinguir estos azules nuevos de aquellos otros porque es tu cara lo único que debe mirarse bajo el cielo de tu barrio. Nunca te vi, que mis pasos cofrades me llevaron lejos de la collación por donde discurrió mi infancia estudiantil, a esa otra que siempre ha sido la mía, donde muere el que protege a la ciudad en la que vives, en la que reinas. Nunca te vi, mis ojos no saben cómo te mecen los tuyos, cómo se derriten los pabilos llorando la cera sobre tu candelería, cómo se engalana Santiago, Molinos y Fortuny cuando pasas por ellas sin que nosotros queramos, porque si pasas no vuelves hasta el año siguiente. Nunca te ví, porque formas parte de la Semana Santa no vivida, la que pertenece a la ciudad pero no al cofrade de Lunes Santo, que esa misma jornada busca su historia bajo el hábito de su hermandad que, por eso no te ve, engrosa la nómina del mismo día. Formas parte del Lunes que leo en los diarios, que veo en las redifusiones, que conozco por fotos y por actos fuera de la Semana Santa, pero que no he vivido nunca porque me llama lo mío, y nunca te he visto llorar cuando vienes cansada en la madrugada del martes, ni te he visto iluminada por las luces esquineras que transmiten tu pena con débil iluminación. Conozco tu cara, pero no tus maneras, conozco tu palio, pero no sus mecidas, conozco la calle, pero no sus sonidos…


Nunca vi como la flor
oculta tu filigrana;
ni sentí como te llama
tu barrio en una Oración.

Nunca vi como tu amor
se desgrana por Santiago
haciendo morir humano
al que nació redentor.

No conozco las hechuras
que te hacen ser distinta
bajo tu palio que encinta
un rosario de Amargura.

Pero sí puedo decirte
y mi promesa te dejo,
que buscaré tu cortejo
mientras que pueda escribirte

tendré que reconocerme
en mi realejo perdido
y, conteniendo un gemido,
en tu mirada…perderme.

Fuente fotografía

lunes, 12 de junio de 2017

Granada en cien fotos...


Granada es algo más que un nombre ligado a una historia. Algo más que el último bastión árabe de la península cuando Isabel y Fernando jugaban al "risk" sobre la piel de toro, algo más que blancos pìcos y azules aguas saladas, algo más que pueblos blancos escondidos entre barrancos y algo más que una Alhambra rasgando el cielo con la Torre de la Vela. 

Sí, Granada está por encima de sus emblemáticos barrios, de arriba a abajo, de Mezquitas convertidas en iglesias a una judería en pleno centro de la ciudad, está por encima de capitulaciones y cascamorras, por encima de tarascas y cabezudos, de cofradías hiriendo la noche con ecos de cornetas y de cruces de Mayo que nos recuerdan quiénes somos y quiénes no queremos ser. Granada está por encima de todo esto, porque Granada tiene algo más, cómo diría Barbeito, que es capaz de interpretarla. Granada tiene a los granadinos, mal que le pese a algunos, que enriquecieron su nombre con sus actos, aunque no todos buenos (acuérdense de la leyenda del señor de Zafra), y cuenta entre sus hijos a personajes ilustres de las letras y la música, entre otras artes, cuyas obras llevan el nombre de la ciudad que los vio nacer más allá de las fronteras jamás pensadas por ellos. Eso es lo que hace grande a Granada, cada uno de sus habitamtes, desde los nuevos barrios extramuros, hasta el mismísimo kilómetro cero de la "malafollá" que diría Ladrón de Guevara, Granada cuenta tantas historias como ciudadanos viven en ella, haciendo que cada paso por la ciudad sea el reflejo de las gentes que la habitan, y es que Granada, sobre todo, es eso...sus gentes.

viernes, 9 de junio de 2017

hoy me acuerdo de ti...

Mira tú por dónde, hoy me he ido a acordar de ti, no es que no te recuerde con frecuencia, pero hoy tu recuerdo ha sido tan claro, tan real, que me he vuelto contigo allí donde la Esperanza va sobre un trono, y la biznaga se reparte en la calle de un Marqués. Me he ido contigo, cuando el sol me ha vuelto a dar en la cara por Junio, y he sentido en mis pies el frescor de la mar en la Misericordia, y el salitre se ha venido como cuando entraba por la ventana, turno de tarde, turno de mañana, en la calle de Héroe de Sostoa. 

Me he visto de nuevo, en mi inexperiencia, vestido con la bata y subiendo la temperatura del aire acondicionado porque tú tenías frío, y he vuelto a hablar contigo, en la distancia, de tantas cosas, cuando mi acento te hacía recordar tus orígenes y mi nostalgia se iba en nuestras conversaciones. Me he ido contigo, embarazada de tu niña, a aprender de la vida en un susurro, y he vuelto a añorar, ahora que van a hacer diez años de mi marcha, las lágrimas que quisieron asistir, sin invitación, a nuestra despedida. Un cajón lleno de "garguerías", y esa noche última en la que la mar fue nuestra testigo, cuando os dije adiós de la mano de mi todavía novia, y os dejé allí, para ir a veros sólo de vez en cuando. 

Hoy, que la vida ha hecho con nosotros lo que ha querido, veo las fotos de tus hijos ya adolescentes, veo las de mi hija, veo todo lo que ha cambiado a nuestro alrededor, y siento una profunda alegría porque el destino me llevó a tu tierra de adopción, y me acogiste con los brazos abiertos. Hoy tengo allí dos amigas, dos baluartes, dos buques insignia de todo lo que tenga que ver con la amistad, y una parte de mí mismo, de mi historia, que se quedó en la orilla del mediterráneo y que voy a buscar cada vez que me pica la nostalgia, fíjate, en sentido contrario de la carretera. Y me acuerdo de ti, de tu ayuda, de las veces que nos hemos reído, de las cosas que compartimos cada turno de tarde, en ese lugar en el que aprendí lo que no quería llegar a ser como profesional, pero que me dio tanta vida, que siento que dejé allí algo más que un puesto de trabajo. 

En Granada, el calor empieza a hacer de las suyas y añoro el aire de Málaga, porque hoy me acuerdo de ti... 


Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

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