lunes, 14 de agosto de 2017

háblame...


Háblame, con el acento que nos diferencia, de esos momentos que, de tantas maneras, te han llenado el alma y el cuerpo. De esa vez que nos conocimos, en un Albaycín frío, cuando las cornetas de Fígares lloraban sus metálicas notas a los pies de la Aurora, o de la primera vez que, en penumbras, le viste la cara a la Virgen de la cara bonita. 

Háblame, en un intento de acopiar tantos instantes, hermosos y emocionantes, de todas esas cosas que yo no he podido vivir, de tu infancia en Sevilla, de lo que es trabajar a las órdenes de Ismael, de Mariano, de los Palacios, Los Ariza, de Loreto, y de "Pocholo", que el barrio te engrandece porque sabe a pastel de Osuna y a un Moreno que todo lo puede. Háblame, y si no puedes traga saliva, y vuelve al principio, para contarme lo que es acudir a una clase de poesía cada vez que Luis cogía el martillo, le hablaba a los suyos, y tú lo escuchabas todo sosteniendo tu cirial. O de cuando le dijiste "sí,quiero" a esa morena que canta que te quita "to er sentío", a los pies de Ésa que da nombre a un querubín de mirada azul e imposibles rizos, y la bandera pirata ondeó en la celebración dejando claro que siempre serás de la "Perla".

Háblame del fresco de Madrugada cuando la Sentencia hiere el cuello de los hombres buenos y su Madre se duerme a los sones de "Madrugá Macarena", y los "suspiros de España" son los tuyos también, que la llevaste...porque de eso, de lo que es llevarla, no vas a poder hablarme porque te emocionas al hacerlo. O de cuando tu hija se bautizó en el Quema tirándose literalmente de cabeza, o cuando su madre le cantó al cruzarlo...

Yo, sí quieres, te hablo de otras cosas, ésas que no sabes, de mi infancia en Granada, lo que es llevar a Dios por las calles un Jueves de Corpus, del Mayor Dolor revirando a los mandos de nuestro amigo, y de un palio en silencio por la oscuridad de san Antón. Te hablo de Cristos que se recogen mirando la Alhambra, y de palios que bajan cuestas a hombros de costaleros que, eso sí lo sabes, ya molesta subirlas a pie, y te hablo de una niña que tiene "titos" en Sevilla, y de que a veces creo ver la Giralda al asomarme por la Torre de la Vela. Te hablo de Vírgenes de Gloria por la Alhambra, y de un batallón de costaleros para una Esperanza, que es tu Esperanza pero con distinto manto.  Háblame, que me debes una entrada en esta página, y asómate a la ventana, que quiero seguir viendo Sevilla a través de lo que cuentas...Un abrazo, yo ya no puedo hablar más...

viernes, 11 de agosto de 2017

En el mantel...

Mi abuela, orgullosa granadina ella, me enseñó a ver a la Esperanza con los ojos de una anciana que recordaba sus tiempos felices en las casas de plaza Nueva, cuando el frío era frío de verdad y se colaba por los desvencijados muros de las viviendas sin agua caliente, y en las que un brasero de picón calentaba la estancia el mismo tiempo que tardabas en acostarte. 

He aprendido, desde el moderno barrio de Fígares, a querer a la Esperanza como la quieren los que viven junto a Ella, los que se levantan mirando la torre mudéjar de Santa Ana, y a los que el sol les anuncia el día donde el Darro se esconde para siempre. He aprendido a verla en cada revuelta de mis sueños, en cada esquina, y a añorarla cuando mis pasos me llevan lejos de Ella, por los motivos que sean. 

Mi abuela no entendió nunca que mi hermano y yo nos pasáramos las tardes de los viernes viendo vídeos de la Semana Santa hispalense, estando en Granada la Esperanza y es que, para ella, nunca hubo otra Virgen que la de Risueño, por eso quiero yo a la Esperanza de esta forma, anteponiéndola al resto, porque las demás tenían “cara de modernas” y llamándola Madre mucho antes de saber lo que eso significaba. Yo quiero a la Esperanza como ella y, al mirarla, veo sus ojos verdes que tantas veces me hablaron de la de Santa Ana, mirándome, dejando en cada mirada mil besos, su cariño y su protección, y ahora, desde esa casa de Plaza Nueva en la Granada del cielo, me sigue hablando de su tierra, y su Esperanza…   

       
        Durante mi niñez y adolescencia
tu casa fue el cuartel de mis desvelos
allí las tropelías de bribonzuelo
se trataban con más condescencendia.

La ley y lo castrense de mi abuelo
su cariño y su amor sin estridencias,
tu mano en mi cabeza, mi imprudencia,
tu abrazo, tu perdón y mi consuelo…

      Recuerdos de pasillos con retratos,
y un balcón con macetas a tropel,
una jaula con canarios y algún gato…

Tu voz, al preguntar tras el dintel,
la Esperanza, Plaza Nueva, tus relatos
y un café, "cargadito", en el mantel…



miércoles, 9 de agosto de 2017

Por san Bernardo...

La muerte, en andaluz, se viste de torero
un miércoles, azul, de Primavera
paseíllo de esparteñas costaleras,
que recorren, obedientes, el albero.

La muerte acecha la puerta de chiqueros
que ella nunca falla, y es certera,
mas cuidan sus costales que no hieran
los clavos, las heridas, y el madero.

El Refugio, ante la muerte desabrida
es una mujer con ojos pardos
cuyo amor irrumpe en estampida.

Aleja a la muerte, sin retardo,
se suspende, en la plaza, la corrida,
y ya todo es Salud, por san Bernardo.


lunes, 7 de agosto de 2017

El gran olvidado...

Esta mañana quiero romper una lanza en favor de esas playas por las que nadan mis veinte años, y aprenden a hacerlo mis dos, que han pasado de ser solares, con absolutamente nada, a salpicar la pared de la montaña de bloques de pisos, y en las que aún quedan zonas a las que se puede ir tranquilo, si quieres huir de la masificación de sombrillas y tipos "ahora es cuando se está bien aquí"

Quiero hablarle a esas profundidades, a perder el pie nada más entrar al mar, a la temperatura que te refresca, que te da un pellizco cuando te metes pero te atempera el cuerpo, no a esas de kilómetros de arena en las que no puedes nadar y sólo andas, y su agua templada no ayuda con el calor de los estíos. Quiero piropearte a ti, litoral de roca pura y dura, de pueblos hechos a partir del monte, de "Casa Paco" y "Tito Yayo", de Góndolas y plazas del Choco, pero también a esa que tiene forma de Herradura, a La Mamola, Castell y la Rijana, y a todas aquellas que la gente sólo conoce de ver su nombre en los paneles de las salidas de autovía, sin haberse atrevido a echar el intermitente y sorprenderse. 

Playas de verano granadino, potente y maleducado, que asola al veraneante y lo hacer hervir, literalmente, salvo cuando se sumerge en sus limpias aguas, pero de un invierno agradable y hospitalario, que invita a recorrer sus "callecillas" al mediodía, y a sentarse en sus terrazas con una cerveza fresquita y nombre de monumento. De una primavera única, con una Semana Santa diferente y unas tradiciones arraigadas en su solar, como lo están las casas al mar que ha alimentado a sus pescadores durante siglos, no olvidemos que los fenicios ya la quisieron para sí, hace muchísimos años. 

El Muerto, Cotobro, Tesorillo, son nombres que sólo a los granadinos nos dicen algo, como le dice cada año su Virgen del Carmen a los Marinos, ya que para el orbe andaluz no hay más playas que las de Almería, Málaga, Cádiz y Huelva, siendo las granadinas las completas desconocidas, quizá porque la autovía ha sido un desastre de construcción con el que han jugado gobiernos y gobiernos, dejando en la pobreza al puerto motrileño, a una hora de la Alhambra, que nunca ha llegado a desarrollarse plenamente pudiendo haber sido la riqueza de la ciudad. El turismo, casi en su totalidad, huye de Granada si busca el mar, pero ya le digo yo que se equivoca, que aunque las banderas azules prefieran a sus hermanas mayores, las playas granadinas invitan al descanso, a disfrutar del submarinismo, del tiempo libre y de sus maravillosas aguas, con una amplia variedad de sitios desde una punta a otra de su litoral que, al menos hoy, en esta página de fondo verde, dejará de ser el gran olvidado... 


sábado, 5 de agosto de 2017

Sábado...


Es Sábado, un día que, no sé porque, mi subconsciente que tilda todo, que clasifica todo, colorea de color azul, acaso porque el azul es el color del cielo raso, que invita a pasear, y el del mar, que invita a todo. 

Llega el final de la semana para todo guerrero, toda persona que, de lunes a viernes, se entrega a la vorágine de su actividad laboral, con la mirada puesta en él, como uno resquicio por el que escapar a la libertad, y le huele a aire fresco, y a tiempo libre. Comienzo de la jornada para todos aquellos que trabajan los fines de semana, o un día como otro para los que lo hacen de lunes a Sábado, aunque a éstos ya les parece distinto ante la proximidad del domingo. 

Los Sábados, me gustaría que fuesen completos, días de cámara fotográfica y motocicleta, carretera hacia el sur y al salitre, "viento de cara" de Supersubmarina, olor a gasolina y el rugido del motor como banda sonora. Curvas a un lado y a otro, carretera de montaña, que las autovías perdieron todo el encanto nada más empezar a construirlas, parada en este o aquel bar, descanso y vuelta al camino. 

La moto es un elemento que se me está quedando olvidado en su cárcel de paredes blancas y línea roja, desde la que me mira solitaria, triste y un poco sucia, mientras yo me afano en mi rutina y no le dedico ni un minuto. Siempre quise tener una moto más grande, más robusta, pero la que tengo me ha acompañado en tantas ocasiones, son tantas las cosas que hemos hecho juntos, que me duele su olvido y mi desidia, aunque no hago mucho por remediarlo, todo lo más sacarla para ir al trabajo de vez en cuando, y que sus piezas no se pudran en la soledad del garaje. echo de menos llevarla todos los día, bajarla a la costa cada fin de semana, disfrutar de ella como antes, pero las cosas imponen su razón y la nuestra, por desgracia, debe ceder ante los nuevos impulsos. 

Puede que algún día recupere esa otra parte de mí, esa que siempre vuelve los ojos cuando el "ruido" de un motor se escucha des lejos, la que saluda, al volante, a los que , sobre dos ruedas, cubren kilómetros de asfalto, la que se ajusta la chupa y los guantes, acciona la llave y vive el momento. Puede que algún día me sorprenda a mí mismo y la arranque, la deje ronronear durante un "ratito", y meta primera para salir de ruta por los viejos tiempos, con esos amigos que me insisten y a los que siempre le pongo excusas, y sentir de nuevo la paz que da la carretera, aunque ya nada sea igual, y todo quede muy lejos...algún día, quizá, volveré a ella, y todo será, de nuevo, como cualquier sábado...  

miércoles, 2 de agosto de 2017

el camino...


...Sí, pero no el de baldosas amarillas que Lyman Frank Baum nos sugiriera en el maravillosos mago de Oz, sino el camino por el que discurrimos y que nos lleva, irremediablemente, hacia un destino incierto y, esto es lo más grave, con daños colaterales.

Nosotros, y cuando digo nosotros me estoy refiriendo a todo hijo de vecino, nos afanamos en vivir una vida que nos ha sido otorgada, merced a la labor de nuestros padres, para usarla sin alterar su curso en modo alguno. Mi abuela decía que "casamiento y mortaja, del Cielo baja" que viene a ser lo mismo que todo está dispuesto y poco más hay que hacer, por lo que todo, absolutamente todo lo que nos pasa, nos ha pasado y nos pasará, debe estar escrito en algún sitio con los renglones torcidos de Dios, y ahí es adónde quiero ir yo...

Llevo cuatro años para cinco velando porque una niña pequeña crezca feliz, inculcándole, no sin notable esfuerzo, los valores que me marcaron a mí, intentando que sea buena, noble, y que su educación diga más que sus palabras, situándola en el principio de un camino que recorreremos juntos hasta que mi Esperanza quiera, y que debe ser un camino recto, para que así sea su modo de comportarse. Intento explicarle que la gente es buena, que le va a ayudar si tiene un problema, que le tenderá la mano siempre y que actuarán con ella, igual que ella actúe con ellos, e intento criarla en un ambiente de amor y respeto, de comprensión y afecto sin límites, aunque, a veces, sus actos me lleven hasta ellos, si bien nunca los sobrepaso, y lo hago porque necesito creer en ello, aunque la realidad es que, a veces, eso no ocurre ni entre los miembros de una misma familia, así que menos sucederá entre extraños.

Por las noches, después de leerle su cuento, que es uno de los momentos que ella espera con más ansia, la dejo en su cama abrazada a su peluche y me invade una profunda pena al ver su sonrisa plácida y tranquila, rendida al sueño y a la seguridad que yo le proporciono y que, en su pequeño mundo de juegos y risas, es la más grande de todas. Me invade una pena enorme porque leo barbaridades en las redes sociales de energúmenos que no merecen llamarse humanos, porque veo a diario en la televisión cómo el género "humano" se destroza a sí mismo, cómo los dirigentes de algunos países dejan morir de hambre a sus conciudadanos agarrados al poder que les ciega y los deshumaniza; siento miedo cuando veo que cualquier persona puede entrar con una mochila y hacer saltar todo por los aires y me aterra pensar que algún desalmado pueda acabar con esto tan bonito que tenemos en casa, y que tenéis en casa. Me apena ver cómo, en mi país, no se ha enterrado el hacha que provocó una guerra civil desastrosa y que los políticos están empeñados en que vuelva a producirse, y me preocupa el no saber quién vive a mi lado, y qué se esconde tras su sonrisa al saludarme. 

Cuando me encuentro, con tantísima frecuencia, tantas masacres en tantos sitios, tanta gente desamparada por las guerras y tanto amor tirado por el suelo bajo unos escombros, tan inerte como las víctimas de atentados suicidas; cuando veo la profunda falta de moral en los que nos dirigen, tanto abuso a menores y tanto odio, tanta falta de actos altruistas y tan poca ayuda a los que sí los llevan a cabo, me invade una profunda tristeza, un terrible miedo, y abrazo a mi pequeña y a su peluche prometiéndole que haré todo lo que esté en mi mano con tal de que siga creyendo en la felicidad, en la bondad de la gente, que crezca feliz y ajena a las atrocidades que se producen a su alrededor, y le pido a la Esperanza que me dé fuerzas para mostrarle el camino...
 

lunes, 31 de julio de 2017

Tívoli...


Nunca he ido. No por nada en especial, sino porque no soy yo muy amigo de parques de atracciones, ferias y "cacharritos", y sólo sé de él lo que leo al pasar hacia la playa en la carretera, la "cancioncilla" con la que se anuncia en la radio, o lo que me cuentan mi esposa y mi cuñada que, de niñas, fueron muchas veces durante sus vacaciones estivales en Fuengirola. 

Nunca he ido, pero le tengo cariño. Su nombre me despierta una alegría que sale de dentro, no sólo por recordarme al verano, las vacaciones y el mar malagueño al que me estoy acostumbrando a fuerza de ir con mi mujer, sino porque su nombre lo pronuncia mi hija con su "vocecilla" de cuatro años, embadurnada de arena, sentada con su gorra a la orilla del mismo mediterráneo,  pero tan distante y distinto al de mi infancia. 

Ella se está haciendo al mar en la Costa del Sol, yo me hice en la Tropical, curtiendo mis pies las rocas de unas playas limpias, transparentes y frías, mientras que los suyos se queman con la arena de otras playas, y el olor a espeto es diferente aún siendo el mismo pescado el que se asa en las barcas. Nada es igual, ni siquiera parecido, y mientras mis recuerdos me llevan a "Las Góndolas" donde las fotos familiares me muestran que yo aprendí a andar allí, mi hija se suelta a nadar en una playa donde casi siempre haces pie y la temperatura del agua hace gala al nombre de la costa. 

Ya mismo estaré allí, otro mes de Agosto más, jugando con ella a lo que su mente ingenie, llevándola al tiovivo a montarse por la noche, y bañándome hasta quedar arrugado sólo por verla disfrutar del mar, y de mi compañía, de la que tanto carece durante el año. Mas, cuando el tiempo pase y mi pequeña se haga mayor, quizá desde otra playa más mía, quizá jubilado, cuando vea un avión recorrer el cielo azul del litoral con una pancarta de propaganda colgada, me acordaré, no sin nostalgia, de ese centro de atracciones malagueño, y de esa "vocecita" que, señalando con el dedo la avioneta, reclama mi atención diciendo:  "mira papi, el Tívoli"... 

Gracias por asomarte...

Gracias por asomarte...
donde se guardan las joyas...

Sobre las copias

Queda prohibida la reproducción, total o parcial, de los textos de este blog, así como de las fotografías que en él se reproduzcan, en función de lo establecido en la Ley de Propiedad Intelectual

Si estás interesado/a en algo de lo que figura en esta Ventana, manda un e-mail a abuelo_costalero@hotmail.com antes de colgarlo en otra página.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...